lunes, 19 de marzo de 2018

Me llama con voz baja


Cuando despierto a las tres de la mañana, contemplo el techo de mi habitación, siento las cobijas alrededor de mi cuerpo y de inmediato siento crecer en mi interior un vacío, crece lentamente y sé que se alimenta del lado derecho de mi sombra, sé que me espera todo el día en la esquina que hay detrás del ropero y que me llama con voz baja al entrar a la habitación... hay algo que me asusta, quizá sea sólo el hecho que pronto va a amanecer y comenzara otro día, un día con el que quizá no pueda, con el que quizá cambie mi vida, lo bueno o lo malo.


No puedo sino intentar dominar los pensamientos, estructurarlos en largas cadenas de preguntas, darle sentido a los golpeteos que provocan dentro de mi cabeza, ordenarles que se duerman, que se callen, pero a la mitad del intento me pregunto tantas cosas, tantas, como todos, ¿no? … ¿Esta es la vida que quería?, ¿esto es realmente lo que queda por hacer?, ¿estoy yendo en la dirección correcta?, ¿valdrá la pena?, ¿Costará trabajo?, ¿Estarás tú?, ¿habrá alguien por lo menos?















Con fundamento en los artículos 1, 4, 7, fracción III, 8, fracción III, Tercero y Quinto Transitorios de la Ley de Servicios de Administración Tributaria, Publicada en el Diario Oficial de la Federación el 15 de diciembre de 1995, vigente a partir del 1° de julio de 1997, reformada mediante Decretos publicados  el mencionado órgano oficial de difusión el 4 de enero de 1999, 1 de junio de 2003, 6 de mayo de 2009 y 9 de abril de 2012; 2, apartado B, fracción VIII, inciso C) (central de lo Contencioso 6) (o apartado C tratándose de Administraciones Desconcentradas Jurídicas) y Antepenúltimo párrafo, 5, primer párrafo, 11, fracción I, 13, fracción I (o 14 fracción I tratándose de administraciones Desconcentradas jurídicas) y 35, fracciones XXVIII, XXXI, párrafos penúltimo y último , numeral 3, inciso f) (central de lo Contencioso 6), en relación con ele diverso 36, apartado C, fracción II (central de lo contencioso 6) (o numeral 8 y, en su caso, inciso a), en relación con el diverso 37, fracción ___) del Reglamento Interior del Servicio de Administración Tributaria, publicado en el Diario Oficial de la Federación el 24 de agosto de 2015, vigente a partir del 22 de noviembre de 2015, conforme al Artículo Primero Transitorio de dicho Reglamento; comparezco para exponer:

Yo como abogada analista

1.- Recibo la sentencia dictada por la sala del conocimiento del juicio de nulidad
2.- Verifico la procedencia del recurso de revisión, esto conforme al artículo 63 de la Ley Federal de Procedimiento Contencioso Administrativo.
3.- Elaboro proyecto de recurso de revisión, de ser procedente, conforme a lo observado en el 63 de la LFPCA
4.- Envío al Subadministrador el proyecto del recurso de revisión, para que este lo corrija, valide, para que el administrador autorice.
5.- Si no me aprueban el proyecto ya sea el subadministrador o el administrador, regreso a verificar todo desde el punto de la procedencia.
6.- Presento el recurso de revisión ante la sala
7.- Recio el acurdo de admisión del recurso de revisión y CAPTURO EN JUPITER, dentro de la pestaña de sentencia:
·         Fecha de notificación
·         Número y fecha de oficio de comunicación
·         Sentido de la ejecutoria
8.- Si me determinan la NO interposición del recurso de revisión elaborare el DICTAMEN en que haya sido nulidad lisa y llana o para efectos o validez parcial – Señalando los datos del juicio de nulidad- (Se trata del DICTAMEN DE NO REVISIÖN)
9.- Elaboro oficio en el que comunico a las autoridades involucradas las sentencias dictadas por la sala (Es el OFICIO DE NOTIFICACIÓN DE LA SENTENCIA)
10.- En el sistema júpiter, en la pestaña de sentencia capturo:
·         Fecha de notificación de la sentencia
·         Sentido de la sentencia
·         Agravios hechos valer en la demanda
·         Número y fecha de oficio de comunicación de la sentencia
11.- Elaboro oficio solicitando a la Sala la firmeza de la sentencia (OFICIO DE SOLICITUD DE FIRMEZA)
12.- Para el caso que la Sala acurde la firmeza de la sentencia yo comunico a la autoridad demandada la misma firmeza. El oficio llevara:
·         Fecha de notificación del acuerdo
·         Resolución impugnada
·         Plazo para cumplimentar el fallo (que es de 4 meses)





domingo, 19 de noviembre de 2017

La una y media

Había sido confuso el aterrizaje.
Abrir los ojos y temer por lo que viene.
 A las tres de la mañana, a las dos y media,
 a la una, a las doce, temer, solo temer.
La respiración cortando los nervios solo un par de segundos.
Regresar a lo que eres, no regresar a
lo que no eres, no eres.


Caminábamos hacia la parada del bus, las clases habían terminado, en aquel momento no sabía cómo abordar el tema, no sabía lo que iba a pasar, tenía solo 17 años. 

Lo veía caminar, hablar y sonreír libremente con los demás, su libertad me gustaba, me gusta tanto, lo veía ligero, lejano, único, bello en todos los aspectos, realmente me sentía enamorada desde los huesos hasta las puntas de mi cabello, era todo él. 

Caminábamos hacia el bus, pero no juntos, había que no ser tan obvios, había que dejar que la cosa fluyera, que al igual que nosotros fuera libre.
Ocasionalmente compartíamos un jugo, alguna torta de tamal, la mirada clavada en cada palabra que liberaban nuestros labios, en las manos que no estaban listas para adivinar al otro cuerpo, nos veíamos, lo quería más cada día, nunca para atarlo, nunca para lastimarlo, nunca para acabarlo, lo quería feliz, feliz de todo el cuerpo, de toda el alma, algo por fin pasaba a los 17 años.

Las celebraciones en honor al amor nunca han llamado mi atención, no al menos las que son muy muy comerciales, populares y vacías, pero la escuela exigía el intercambio de chocolates, de cartas perfumadas y toda clase de caramelos en forma de corazón. Mis amigos habían organizado un intercambio de peluches, la verdad que no éramos muy populares y no nos invitaban a las fiestas a las que iban todos los grupos de todos los grados, así que se decidió por unanimidad el celebrar en casa de Paola, previamente se realizaría el intercambio. 

Catorce de febrero, día del amor y la amistad, día de enamorados correspondidos y de enamorados heridos, dejados, atropellados, desesperados y suicidas. Los enamorados no me gustan, nunca me van a gustar, me hacen creer en cosas que uno no debe tomarse tan a la ligera.
El intercambio sería a las 2 en la explanada, “no lleguen tarde”, se leía en el mensaje. Había recibido un mensaje que decía: - te veo a la una y media en el edificio C, te esperare-. El corazón latiendo, pensamientos ridículos, más latidos, más locura interior, correr, llegar lento, ir, no ir, pensar finalmente en arruinarlo todo.

La clase de filosofía me tocaba a las 12, un bello medio día, mi profesor nos permitía desarrollar nuestras habilidades, aquel día no fue la excepción, así que pensando en arruinarlo todo, tome mi cuaderno, le pedía al profe que me dejara leer “algo” que había escrito, así lo hizo. Comencé, sin nervios por la lectura, y muchos por la fractura que estaba a punto de cometer. 

La lectura iba bien dirigida a un sujeto de la clase, mientras yo pensaba, en sus ojos, en su labios, en la cicatriz que había visto el día que donamos sangre, e incluso mientras leía recordaba la historia que me contó sobre cómo había llegado ahí la cicatriz, la lectura daba detalles formulados para convencer al sujeto sobre mi “gran amor” por él, pero en los pensamientos persistían los recuerdos, como el día en que él llevó mi café a mi lugar, el día que me abrazó no solo con su cuerpo sino con su amor.

Demasiadas tonterías en 15 minutos y medio, era joven y no había pretextos, pero era estúpida.

Funciono. Saliendo de la clase el sujeto me correspondió al supuesto amor.

Yo falté a mi cita de la una y media.
Se hizo el intercambio en la explanada.
Se celebró la reunión en honor al día.
Años después me dijo que me espero dos horas.

Ese día desee besarlo como antes, como cuando caminábamos hacia el bus, pero supe era tarde muy tarde.

La una y media había pasado.  


miércoles, 11 de marzo de 2015

La muerte chiquita...

Cuando estoy en aquel lugar me olvido de mí, aunque repito constantemente mi nombre, olvido quien soy, olvido todos mis problemas y casi todos mis dolores, me olvido de mis manos, de mis piernas, de mi cabeza, del maquillaje y del color en mis ojos, me olvido del mundo y renazco cada minuto en espera, cuando el sonido sólo es mi voz. 

A veces gritan, a veces no, a veces saben y a veces inventan, todo puede pasar en esos minutos, nada puede pasar en esos minutos. 

Cuando estoy en aquel lugar no tengo armas, no tengo fuego, todo el mundo me puede apagar, sin embargo, se encienden las llamas con el sonido que inicia la muerte chiquita. 

Todos tienen miedo, todos tienen nervios, gritan en silencio su temor, se agachan, casi quieren desaparecer, yo desaparezco con ellos, me diluyo en cada clic, en cada tecla oprimida, en cada duda, en cada afirmación, me voy desapareciendo, me voy olvidando de quién soy. 


Quizá un día me recuerde, quizá un día se acabe el miedo, los nervios, la muerte chiquita, quizá un día sea hoy.

miércoles, 21 de enero de 2015

Sé que no lo necesito...



A veces lo espero todo el día, pensando en que ya vendrá, que quizá el tráfico lo detuvo o que murió en un accidente vial. Luego me desespero y le marco, no contesta, así que mejor le escribo mensajes de odio, y me siento mutilada cada vez que creo necesitarlo, porque sé que no lo necesito, que es sólo un malestar en la pierna. Recapacito y de nuevo le marco, esperando a que conteste, suena aquel tono, cuatro veces seguidas, después viene el buzón, me gustaría dejarle un mensaje obsceno, recordándole lo mucho que odio a su madre, la odio por haber creado a alguien con tantas mentiras, pero no lo hago, sé que no escucha el buzón. Nuevamente tecleó mensajes de odio, los envió uno tras otro, no me importa que después me pueda arrepentir, en ese preciso instante quiero una muerte, quiero ojos en tenedores y tripas en la acera, quiero su cabello y cabeza dentro de una maleta. No se me ocurre nada más, sólo desearle que se muera y que se lleve toda su porquería, todas sus mentiras. Han sido cincuenta y cuatro llamadas y veinte mensajes de odio. 

Por fin me contesta, vaya alegría, casi lloro al escuchar su voz, olvido que me ha mentido, olvido el odio, las ofensas y los deseos de muerte, le digo que lo extraño, que venga, que todo estará bien, pero no es así el ciclo ha comenzado, mañana  se repetirán los tonos y los mensajes, se me acabaran las ideas para asesinarlo, reinventaré las ideas de su partida, una y otra y otra vez. 

Llega el día siguiente, avanza lento y tortuoso, asfixiandome los nervios. Espero su llamada, quiero salir de aquí, quiero que venga y me diga que saldremos, ayer lo prometió, lo estoy esperando, sé que hoy no fallará, me lo prometió por todo en lo que cree, lo estoy esperando porque a pesar de todo creo.

Suena el timbre y sé que es él, abro la puerta, las expectativas son inmensas, podría jurar que lo veo,  me he equivocado, no es él. Suena el timbre y suena y todas las veces no es él, lo odio poco a poco, lo quiero desaparecer.

La esperanza se borra poco a poco, todo el amor que creí sentir era falso, no tengo en que ocupar mi tiempo y lo ocupo en odiar, odiarlo a él, me pregunto porqué me detesta, porqué me hace esto, quizá sea el Karma, o no sea nada, a lo mejor él tiene asuntos pendientes y no me puede avisar, quizá vaya a la nasa, o tenga cita con algún embajador, quizá este dándole vueltas al discurso que va a dar sobre la paz mundial, o sobre el impacto de la repartición de alimentos en el mundo. Las cosas importantes que él tiene que hacer no las entiendo, no soy partidaria de darle la razón a los programas sociales a los que él dirige, los que él creo, soy poco capaz de ver a través de la ayuda comunitaria que da. 

Así pasan los días, hasta que pasa un mes, y yo sigo esperando a que él venga, seguro que hoy si me llama. 


domingo, 28 de diciembre de 2014

Llevo varios intentos y no me puedo curar

                                                                         
                                                          Qué fácil es señalarme con el dedo y yo sin poderte mirar.
                                                                                                         No me analices, no voy a cambiar.
                                                                    


Llevo varios intentos y no me puedo curar, 
a veces creo que nunca sucederá, 
quizá nunca halle la cura, 
quizá la condena sea no cambiar, 
quizá no sirva dejarme llevar.

El mundo se vuelve tan frágil, 

o quizá sea yo quien no mire bien, 
quien no sepa qué hacer. 

Es la consecuencia de ser, 
sin saber qué eres, que vas, que avanzas,
 la cuota resulta cara.


Mis presentimientos vagan y me resulta difícil amar.

Recobro la postura y 

reafirmo que me gusta correr, 
ser ligera, no esconder ni la más mínima pizca de mí, 
de mi locura y paranoia.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

TE ESTOY BUSCANDO.

De pronto me invaden las alucinaciones, 
los escalofríos recorren mi cuerpo y 
no logro reconocerme, 
bailo en el aire, 
las piruetas  modifican mi estado de ánimo.

La euforia va hacia mis venas, mis arterias, 
hace latir el corazón. 

La visión de encontrarte ya no es más una visión. 

Te he buscado detrás de las máscaras, 
sobre ellas, he matado a tantos, 
ninguno de ellos lo supo, pero , 
me enferma encontrarte en sus ojos, en sus dientes, en su voz. 

Me enferma que quieran ser tú dentro de mi cabeza.

Camino entre los campos minados de protestas, 
voy y vengo entre brazos, piernas, cabezas, ojos y tripas, 
te estoy buscando. 
Voy a arrancarte las armas
para librarte de la lucha. 

El humo me detiene, 
el ruido que viene de aquel lugar
me recuerda tu mundo,
tu misión, 
tu existencia.